El problema no siempre es lo que hacés.
A veces es desde dónde lo estás haciendo.
Podés estar trabajando de algo que alguna vez te apasionó y aun así haber perdido el disfrute.
Podés tener habilidades naturales para acompañar, escuchar, incluso liderar, pero no saber cómo convertirlas en una competencia real.
Queres construir esas relaciones de AMITAD o PAREJA que deseas y mereces.
Podés desear una vida distinta, pero seguir justificando tus miedos con explicaciones que aprendiste y repetís sin darte cuenta.
Por eso, antes de tomar una decisión importante, necesitás hacer una pausa más profunda:
¿Quién estoy siendo hoy?
¿Qué estoy evitando mirar?
¿Qué deseo sigo postergando?
¿Qué habilidades ya viven en mí?
¿Qué decisión tomaría si fuera mas valiente?